Hace alrededor de veinte a veinticinco años el porciento de delincuencia era mucho más bajo que ahora. Nos preguntamos ¿Por qué?. Desde mi punto de vista todo comenzó cuando la mujer se fue a trabajar fuera,  dejando su casa y sus hijos en un segundo plano. Los niños llegan a sus casas y sus  madres no están. Tiene tiempo libre  sin supervición, lo que le da oportunidad  para envolverse en cosas negativas.

Lamentablemente, se ve a la ama de casa como una fracasada, que no ha logrado realizarse como profesional. Por eso la mujer prefiere salir a trabajar fuera sin importar las consecuencias, además de que prefieren tener un carro nuevo o  una mansión,  a tener un hijo saludable en todos los aspectos.  Es una idea errónea, pues  las amas de casas somos las ejecutivas de una compañía multinacional, en la cual realizamos funciones variadas tales como:  contadoras, chef, doctoras, enfermeras, psicólogas, acarreadoras, empleadas de mantenimiento y todas las otras profesiones que se le ocurran. Lo comento por experiencia propia, yo tengo tres profesiones, pero no practico ninguna porque decidí quedarme a cuidar a mis hijos y hacer de ellos personas responsables. Mi historia personal la reenfoqué para beneficio de mi familia y no me arrepiento, pues no me perdí ningún momento de sus vidas y los eduqué a mi manera no a la de otros.

Pienso que si todas las madres se pudiesen quedar en las casa atendiendo a sus familias o por lo menos establecer un balance justo del tiempo que le dedican, la delincuencia disminuiría y los niños fueran más felices.

Las normas y las reglas se hicieron para cumplirse, pues son las que evitan el caos en nuestra vida, en nuestra convivencia con los demás y evitan las anarquías en los pueblos. Hasta Dios nos estableció reglas, los diez mandamientos para una sana convivencia. Cuando seguimos las normas o reglas estamos respetando el espacio de otros, porque se  nos establecen  límites y  orden. Cuando violamos esos límites, le hacemos daño  a los demás.  Pero, que difícil se nos hace, porque pensamos que al hacerlo nos humillamos. Esto no es ciero, por el contrario, demostramos que valoramos a la otra parte, que sentimos aprecio hacia la persona, no importa si la conoces o no.

Lo lamentable de todo esto  es que no es real, porque mientras decimos que sí a todo,  uno es bien bueno, pero a la hora de decir que no porque rompes las reglas o  reclamas tus derechos, eres malo. Te desprestigian y te descarnan. Existen momentos en que se deben modificar o flexibilizar algunas normas de acuerdo a cambios generacionales, porque se vuelven arcaicas, pero en esencia las reglas siguen siendo las mismas. Todas nos llevan a un mismo lugar: el respeto a la propiedad ajena y a la persona a  la que pertenece.

Existen muchos males en el mundo, pero considero que el ego, el apego y la ignorancia son los que conducen a otros males mayores. El ego, es el que te hace inflarte como un globo pensando que eres lo mejor. Miras a los demás como gusanos. Esto te lleva a cometer errores en el trato con otras personas, pues no te puedes poner en sus zapatos para saber lo que sienten. Lastimas sin piedad.El apego, te daña porque no te puedes desprender de las cosas, vives por ellas y para ellas, y así dejas de vivir para tí. Esto no te permite tener espacio y libertad, ni te permite dárselo a los demás. Por último está la ignorancia, palabra con la que se justifican todas las barbaridades que se cometen. Es bien fácil decir no lo sabía, a decir lo hice sin pensar en las consecuencias. Pero, lamentablemente la ignorancia no te exonera de pagar por tus errores. El universo pone cada cosa en su lugar, si le debes te cobra y si te debe te paga. Por eso debemos permanecer alertas a las cosas que hacemos porque todo tiene una consecuencia. Para bien o para mal ¿Quién sabe?

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